La reciente persistencia en los errores por parte de algunos conspicuos representantes de nuestra diplomacia de carrera parece indicar que nuestro ethos diplomático ya no existe. Considerados los efectos del actual estilo y práctica, no es arriesgado señalar que a estas alturas el pueblo chileno agradecería cambios estructurales en la composición y la eficacia de su diplomacia profesional.