BALALAIKA
No es la primera vez que los usan en Ucrania. Imagínese, usted está viendo la teleserie turca y le entra ese regalito del Kremlin por el techo del comedor. Rusia no asesina civiles, dice Makogonov, son los ucranios quienes ponen sus baterías antiaéreas en los conjuntos habitacionales urbanos, por eso la guerra ha causado tantas bajas civiles. ¿Son los ucranios los que exterminan a su población?, pregunta un periodista. Así es, responde Makogonov sin pestañar, si fuera por Rusia no habría prácticamente civiles muertos. Enseguida, el elegante diplomático refrenda las declaraciones de Serguei Lavrov, el plenipotenciario ministro de relaciones exteriores del nuevo Zar que, con la voz aguardentosa y monocorde del apparatchik surgido del frío, ha declarado esa misma mañana en Moscú que Rusia es víctima de una «solución final», una nueva «shoa» orquestada por Occidente para borrarla de la faz de la tierra.
