A pesar de que el nombre asignado al museo es un pleonasmo (pues todo museo, de una forma u otra, es una institución vinculada a la o las memorias), parte de las relevancias de este, en tanto trabajo de asignación de dispositivos técnicos del horror, se presenta como una relevante instancia pedagógica de un período catastrófico nacional, y esto no puede atenderse, solamente, como un “capricho” político de contemporaneidad, o incluso coetaneidad de provecho coyuntural por parte de las y los organizadores y la conveniencia cultural que siempre es aprovechada por la “política profesional”.