Entendemos que es difícil que personas que por décadas apoyaron el desarrollo de energías contaminantes, las defendieron, e hicieron oídos sordos a sus consecuencias, hoy puedan liderar una transición energética en base a energías limpias, a las que han mirado con sospecha, incredulidad y desconfianza. Pero si ocuparon u ocupan cargos de representación pública, no pueden atornillar al revés de lo que nuestro país ha establecido en sus políticas de transición energética y sus compromisos de mitigación del cambio climático.