La democracia tiene esa gracia cuando el voto es voluntario (o cuando es obligatorio, pero nadie se da cuenta, como ocurrió en Chile durante mucho tiempo): puede haber una gran diferencia entre el porcentaje de votos que saque el vencedor sobre los votos emitidos y el porcentaje de votos que obtenga en relación con toda la ciudadanía que tiene derecho a voto. Cuánto respaldo real tiene un Presidente recién elegido o una coalición de partidos, es un misterio muy beneficioso para el negocio de las encuestas.