Brasilia, un calco de Washington

La responsabilidad política del expresidente Bolsonaro tiene que ver con el no reconocimiento de su derrota en las elecciones del 30 de octubre de 2022. Desde entonces y hasta la toma de mando de Lula da Silva, Bolsonaro entró literalmente en un estado catatónico, sin capacidad de reacción ni de digerir la derrota –que no contemplaba–; en los dos únicos eventos públicos de los que participó lloró impotentemente ante la desbandada de sus antiguos aliados. La ola de frustración de sus seguidores tras la derrota fue proporcional a la violencia que, por medio de la intimidación y persecución, incluyendo varios asesinatos por motivos políticos, se asentó cotidianamente en los simpatizantes y militantes de Lula da Silva durante la campaña electoral. Los espacios públicos ocupados por bolsonaristas crearon un ambiente artificial de victoria, frente al silencio de un elector contrario que evitaba manifestarse públicamente para no enfrentar represalias. 

La responsabilidad política del expresidente Bolsonaro tiene que ver con el no reconocimiento de su derrota en las elecciones del 30 de octubre de 2022. Desde entonces y hasta la toma de mando de Lula da Silva, Bolsonaro entró literalmente en un estado catatónico, sin capacidad de reacción ni de digerir la derrota –que no contemplaba–; en los dos únicos eventos públicos de los que participó lloró impotentemente ante la desbandada de sus antiguos aliados. La ola de frustración de sus seguidores tras la derrota fue proporcional a la violencia que, por medio de la intimidación y persecución, incluyendo varios asesinatos por motivos políticos, se asentó cotidianamente en los simpatizantes y militantes de Lula da Silva durante la campaña electoral. Los espacios públicos ocupados por bolsonaristas crearon un ambiente artificial de victoria, frente al silencio de un elector contrario que evitaba manifestarse públicamente para no enfrentar represalias. 

Comparte la noticia