El cambio climático ya dejó de ser una alerta. Se transformó en un problema con el que hoy debemos convivir, por eso es clave accionar concientizando lo suficiente para que los cambios necesarios se produzcan. Y ante eso, instaurar incentivos tanto para las empresas como la ciudadanía para impulsar estos cambios con alianzas y esfuerzos mancomunados. La economía circular es un camino a transitar que no obliga a las organizaciones a elegir entre el beneficio económico, social o ambiental, ya que su implementación permite generar crecimiento económico sostenible, crear empleos de calidad y, a su vez, ayudar a combatir el cambio climático. En esa línea, queda más que claro que los argumentos económicos o legales en contra de avanzar en materia reglamentaria son profundamente errados, pues el riesgo climático es –finalmente– riesgo financiero.