En el caso de Chile, el centro político ha perdido influencia ideológica, política y electoral y se ha fragmentado a un ritmo vertiginoso en el último tiempo. En la reciente elección de la mesa de la Cámara de Diputadas y Diputados, el gran partido contemporáneo de centro, la Democracia Cristiana, que representa hoy menos del 10% del electorado, se dividió entre los que definitivamente se alinean con la derecha –como ya lo hicieron “cruzando el Rubicón” en el plebiscito del 4 de septiembre– y los que prefieren alguna asociación con el actual Gobierno de dos coaliciones de izquierda.