Si se estudia la historia reciente chilena, desde la dictadura hasta hoy, la política se ha relegado a un segundo plano, vista como algo negativo o innecesario para la cotidianidad, y grupos conservadores y otros más moderados han mantenido esto como eslogan para llegar a las masas y empatizar con los intereses de las personas, para desplazar la acción colectiva, el diálogo y la búsqueda del bien común al individualismo. Es necesario, para avanzar como sociedad, ser críticos y reflexivos con las formas en que se hace la política, pero sin abdicar de ella. No hay que engañarse, nada está fuera de la política. Posicionarse desde la ficción engañosa de tomar distancia de ella, pero al mismo tiempo funcionar en pos de un proyecto político, es una paradoja que esconde, precisamente, una forma muy particular de política: el totalitarismo.