Combatir la inflación por la demanda está tradicionalmente en manos del Banco Central, mediante la tasa de interés, la TPM. Subirla encarece los préstamos y dificulta el financiamiento, lo que normalmente disminuye la presión de la demanda sobre los precios. Al contrario, subir la tasa frente a un fenómeno de oferta suele ser contraproducente: no hace que llueva, no detiene los misiles rusos. Esto rompe la dinámica de la demanda sin bajar realmente la inflación, o bien con un costo significativo en términos de producción y empleo.