Por Juan Vásquez Manlla – Presidente CChC Arica
Recientemente, se dio a conocer el Índice de Calidad de Vida Urbana (ICVU), elaborado por la Cámara Chilena de la Construcción en conjunto con el Instituto de Estudios Urbanos y Territoriales de la Pontificia Universidad Católica. El resultado es alarmante: Arica se posiciona en un “Nivel bajo”, destacándose especialmente en áreas como conectividad, movilidad, vivienda y entorno.

Este diagnóstico no debe ser simplemente una cifra más. La región ha estado postergando decisiones clave en infraestructura pública durante más de cuatro años. La administración regional anterior no priorizó obras que pudieran generar empleo, ofrecer servicios y mejorar la calidad de vida. Ahora, tras un año de la actual administración, es preocupante que no se vislumbre un cambio significativo en la dirección.
Desde la CChC Arica, anhelamos que se tomen las medidas correctivas a tiempo, con un enfoque más centrado en proyectos que impacten directamente en la comunidad. Arica necesita obras que creen empleo, atraigan inversión local y aborden problemas concretos.
En el ámbito de “Vivienda y entorno”, no es suficiente con mencionar el déficit habitacional, que supera las 15 mil unidades. Para un crecimiento real, se requiere de suelo, planificación, áreas verdes, equipamiento, y, sobre todo, resolver la cuestión fundamental: el acceso al agua. La falta de una desaladora dentro de un plan hídrico regional complicará la proyección de barrios y el desarrollo urbano sostenible.
Además, es esencial priorizar grandes obras, como un nuevo hospital, la integración del borde costero y una conexión estratégica hacia Tarapacá.
La calidad de vida no se mejora solo con estudios; se logra a través de decisiones firmes, inversión y obras concretas. Arica y Parinacota deben recuperar un sentido de urgencia. Construir el futuro también implica generar empleo y ejecutar proyectos que transformen la vida cotidiana de los ciudadanos.