La tarea más dura comienza cuando la emergencia va en retirada y las expectativas de una rápida reconstrucción obligan a las autoridades a actuar con premura en la recomposición de las estructuras habitacionales y productivas, y que, producto de la burocracia, normalmente, tardan más de lo necesario. Es aquí donde aún nos falta avanzar. En modernizar y automatizar los sistemas de respuesta del Estado que permitan un fluido proceso de reconstrucción, pero además que nos permita hacerlo con la posibilidad de construir de forma más resiliente.