Defiendo, muy convencido, que la filosofía no solo debe jugar con el chatGPT, sino asociarse con la esfera del arte y producir juntas algún retrato de algún filósofo o fenómeno interesante a través de un sistema artístico que opere sobre la IA, cada parte extrayendo los beneficios particulares que pueden deducirse de esta alianza no endogámica. También deben usar las RRSS (como LinkedIn) para entrar en contacto con ingenieros informáticos o superejecutivos para entender mejor las dinámicas, plusvalías y maquiavelismos de las corporaciones del capitalismo avanzado, donde los herederos de la filosofía marxista tienen una verdadera mina de diamantes para capitalizar, sin contar que se pueden recoger las mejores prácticas empresariales para modernizar la gestión académica y, con ella, de la filosofía.