Lo que menciono, en capitales como Santiago de Chile, puede que sea demasiado tarde, a pesar de la interacción de pares (con la inclusión y exclusión que involucra) en que se desenvuelve esta ciudad, junto con la incorporación histérica de actualización competitiva. Esto la colocaría, comparativamente en las urgencias de contemporaneidad, más alejada de la posibilidad de diálogo sígnico en que se encuentran muchas regiones del país y ciudades no capitales del mundo, particularmente de Latinoamérica. El problema es que en regiones no se (re)conoce este privilegio, (peor aún: casi nadie lo “cree” a cabalidad) pues la constitución de institucionalidades céntricas es más sólida y consolidada, pero esto no dice nada en relación a las posibles prospecciones y construcciones que nos sobrevivirán en la herencia de época.