La tarea que tenemos por delante es monumental. Debemos reducir el consumo de los combustibles que son, en gran medida, responsables del desarrollo de las sociedades modernas en que vivimos, y que se han ido construyendo progresivamente desde comienzos del siglo XIX. En su reemplazo, debemos utilizar fuentes de energía renovables, que presentan desafíos de variación diaria y estacional, como la energía solar y la eólica, y que demandan el uso de materiales poco abundantes y costosos para su producción y almacenamiento.