Pese al resultado del plebiscito de entrada, la Constitución vigente ha demostrado una fuerza electoral impensada. No con el plebiscito de 1980, sin registros electorales ni mínimas normas que reflejaran transparencia en el acto, pero sí en sus reformas en 1989, que según algunos autores la dotó de la legitimidad necesaria. La última sería la de 4 de septiembre: desde la formalidad de la letra de la ley, la Carta Magna se encuentra plenamente vigente tras el arrollador triunfo del Rechazo en el plebiscito de salida. ¿Y qué ocurriría si nuevamente se rechaza la nueva propuesta constitucional? La Constitución de 1980 renacería de las cenizas en las que se encuentra desde la firma del primer acuerdo constitucional.