Lo más retador, sin embargo, está por venir: el sur es solo la expresión suramericana de un fenómeno más global. De hecho, hace años que el orden monetario internacional se ha estado resquebrajando y no se trata, tan solo, del petroyuán o de innovaciones tecnológicas (criptodivisas, CBDC, etc.). La deuda mundial (y la moneda es un reconocimiento de deuda) asciende ya a 300 billones de dólares, lo cual equivale a un 349% del PIB global. En ese marco, los países tienen cada vez menos margen de maniobra. Además, la pandemia de la COVID-19 y la guerra de Ucrania han agravado la situación. Y ahí el dólar, como moneda internacional de reserva, pero también de crédito e intercambio, resulta cada vez menos atractivo: por eso se buscan tantas alternativas.