Tras el primer año de gobierno de Gabriel Boric se perfila un cambio relevante en la matriz energética y productiva chilena, que puede ayudar a apuntalar un relanzamiento del modelo de crecimiento económico hacia los próximos años, pese a que esto no signifique, necesariamente, una transformación en sus bases de sustentación, más allá de la incorporación de nuevas tecnologías y el alejamiento de las formas clásicas de contaminación ambiental. Esto último es importante, ciertamente. Podría traer beneficios inmediatos en materia de reactivación económica, especialmente inversión y empleos de mejor calidad para ciertos grupos profesionales. En el mediano plazo, empero, y dependiendo de varias decisiones que se tomen en su origen, particularmente en relación con los actores sociales que el Estado habilite e involucre en el proceso, también podrían incubarse nuevos problemas de legitimidad social y política, nuevas formas de desigualdad y, por consiguiente, conflictos de nuevo tipo.