Aunque hubo señales claras desde el año 2010 en adelante, es en el actual Gobierno que la estructura completa del Estado se ha atomizado y reconstituido en poderes corporativizados, que no responden a una orientación central. Ello es un retroceso institucional grave, pues los principales instrumentos de acción sectorial, sobre todo los ministerios, no dialogan entre ellos y sus acciones obedecen a prioridades parciales de sus jefaturas. Cada yerro del Gobierno agota la reserva de institucionalidad que el país acumuló en 30 años de democracia. Lo más evidente de este escenario, es la incapacidad del Poder Ejecutivo para marcar el curso de estabilización y reorganización de la gestión política global del país.