El problema de todo esto es que los órdenes organizacionales, al respecto, se encontrarían inversos, es decir, la comunidad no se encontraría, realmente, afectando y “moldeando” los principios institucionales, sino al revés: la institucionalidad rígida moldea la comunidad. Los encuentros, participaciones, diálogos, etc., etc., son mecanismo muy antiguos que han generado algún tipo de placebo en no pocas organizaciones y particulares no estatales ni gubernamentales. Para quienes se dan cuenta que las mesas de diálogos vienen con los acuerdos ya preestablecidos y la escucha es un mecanismo de “simulación” democrática, generalmente van quedando en los márgenes de la estructura institucional que, lejos de considerarse fuerte en nuestro país, cada vez está más débil.