Una Constitución se concibe, ante todo, como un punto de encuentro, el espacio normativo donde convivimos con libertad, dignidad e igualdad, y la norma que regula lo que nos une y no nos separa. No existen ni caben, pues, constitucionalismos de tal o cual tendencia ideológica porque, por definición, la Constitución es de todos. Fuera del ámbito constitucional, empiezan las legítimas diferencias políticas y las opciones partidistas que serán reflejadas en el contenido de las leyes aprobadas por los Parlamentos.