Propongo dejar a un lado los proselitismos de aquellos que intentan utilizar el estallido como marco para detectar a quienes son “octubristas” y, por ende, justifican la violencia, destruyeron la ciudad y son culpables de todos los males que nos aquejan hoy. Propongo también dejar a un lado las visiones idealizadas de un movimiento que, en la realidad, nunca tuvo domicilio político y cuya cooptación nos llevó, a quienes creemos en las transformaciones importantes, a una incuestionable derrota el 4 de septiembre pasado. Propongo entender el estallido desde los relatos de las personas, desde el simbolismo que le atribuyen quienes vieron en él una apertura de cambio inédita, hasta el sufrimiento de quienes fueron afectados por saqueos o incendios.