La agresión a Moisés Órdenes serviría lastimosamente para ilustrar manuales de prevención de la tortura: una docena de carabineros a cargo del mantenimiento del orden público arremetió en contra de un manifestante solitario para castigarlo por los gritos que profería. Este evento policial es particularmente vergonzoso porque un canal de televisión transmitió en vivo la brutal paliza y, no obstante este registro gráfico, los participantes del ataque trataron de encubrir los hechos culpando a la víctima y, luego, la Fiscalía estimó que no se podía comprobar cuál era la intervención específica de cada uno de los imputados en las horribles lesiones sufridas por Órdenes.