En un momento en que los tecnopopulismos de centro (tipo “cinco estrellas” en Italia) y la derecha radical de discurso neopatriota (Sanahuja, 2019) y estilo populista despuntan como alternativas reales, conviene no parapetarse en discursos excesivamente culturalistas (o civilizatorios, como gustan decir), recuperar cierto universalismo definitorio y, sobre todo, recordar que la contrarreforma católica, aunque sancionó la corrupción e impuso la disciplina jerárquica, mantuvo un sectario “extra ecclesiam nulla salus” («fuera de la Iglesia no hay salvación») de tono moralizante, que la hizo indigerible para los sectores reformistas, consumando una ruptura irreversible.