El día en que matamos a Allende

¿Nada cambió después del estallido? Sí, todo cambio, pero casi nada realmente mejoró. O sí, quizás, se pudo poner nombres a cierto malestar que algunos se empeñaban en negar hasta la mañana de ese día larguísimo en que nadie volvió del todo a la casa de la que se fue en la mañana. Eso es quizás lo que aprendimos, los países también viajan y Chile pasó de ser Chile a ser otra cosa sin dejar de ser Chile. Se acabó el miedo y eso es bueno; se acabó el temor y eso es absurdo. Una vez más aprendimos lo que Allende siempre supo: que en las orgías de la izquierda la que más goza es la derecha. 

¿Nada cambió después del estallido? Sí, todo cambio, pero casi nada realmente mejoró. O sí, quizás, se pudo poner nombres a cierto malestar que algunos se empeñaban en negar hasta la mañana de ese día larguísimo en que nadie volvió del todo a la casa de la que se fue en la mañana. Eso es quizás lo que aprendimos, los países también viajan y Chile pasó de ser Chile a ser otra cosa sin dejar de ser Chile. Se acabó el miedo y eso es bueno; se acabó el temor y eso es absurdo. Una vez más aprendimos lo que Allende siempre supo: que en las orgías de la izquierda la que más goza es la derecha. 

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